Imposible no terminar con un nudo en la garganta. ¡Larga vida a Feíto el gato!

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Una triste historia de un gatito que solo quería amor, pero el pobrecito solo recibía insultos y malos tratos de los demás. La vida de este felino es tan desgarradora que poco importa que el autor de este relato sea anónimo, pues lo verdaderamente importante es la moraleja que nos deja.

La narración parte así:

Todos en el complejo de pisos en el que vivía el pobre gatito sabían quién era Feito. Feito amaba 3 cosas en el mundo: luchar, comer, la basura, y debo agregar, amar.

La combinación de estas cosas al lado de su vida siendo apartado tuvieron efecto en Feito. Para empezar, solo tenía un ojo, y donde el otro debería haber estado era un orificio abierto. También le faltaba una orejita en exactamente el mismo lado en el que le faltaba el ojito; para colmo su pie izquierdo parece que se le ha roto en algún momento y lo tiene malformado porque le quedó en un ángulo poco natural.

Por si fuera poco, Feito perdió su cola hace mucho tiempo, dejando un pequeño muñón que continuamente tiraba y retorcía.

Feito también estaba cubierto de llagas, lo que disfraza su pelaje atigrado. Cada vez que alguien veía a Feito, producía la misma reacción: ‘¡Ese es gato si es feo!’ Todos los niños fueron advertidos de no tocarlo. Los adultos le tiraban piedras o agarraban una manguera para ahuyentarlo.

Pero Feito siempre y en todo momento tuvo la misma respuesta. Continuaría allí, y no se movía hasta el momento en que el atroz ignoto se rindiera con la manguera y la tiradera de piedras para que lo dejaran solo. Si le tirabas cosas, aun se acurrucaba a tus pies para mostrarte su perdón.

Cuando Feito veía pequeños, corría conmovido y frotaba la cabeza contra sus manos porque quería ser una mascota. Si lo levantabas, inmediatamente comenzaba a chupetearte la camisa las orejas, lo que sea que pudiese encontrar.

Un día Feito compartió su amor con los Huskies del vecino. Ellos no respondieron amablemente y fue maltratado.

Desde mi apartamento pude percibir sus gritos y corrí en su ayuda. Cuando llegué allí, yacía allí, evidentemente su pobre vida estaba llegando a su fin. Lo llevé a casa temiendo que al tocarlo lo estuviese lastimando terriblemente. Podía escucharlo jadeando y luchando, pero entonces sentí una sensación familiar. Feito estaba lamiendo mi oreja. Lo aproximé más a mí y tímidamente golpeó su pata con mi cabeza.

Entonces volvió su único ojo dorado hacia mí y pude escuchar el sonido distintivo de ronroneo. Pese a que tenía tanto dolor, cubierto de heridas, el gato con sus cicatrices de batalla solo solicitaba una cosa: un poquito de aprecio.

En ese instante, creí que Feito era la criatura más preciosa y cariñosa que jamás había visto.

Nunca trató de morderme, arañarme o huir de mí. Feito solo me miró, confiando en mí para aliviar su dolor. Feito murió en mis brazos antes de que pudiera llevarlo al interior, pero me senté allí y lo sostuve durante mucho tiempo. Pensé en de qué manera un pequeño callejón deformado y con cicatrices podría alterar mi opinión sobre lo que significa tener pureza de espíritu. Querer tan total y verdaderamente.

Feito me enseñó más sobre dar y tener compasión que mil libros, conferencias o programas de entrevistas especiales.

Mucha gente quiere ser más rica, más triunfante, querida, hermosa. Más para mí, siempre y en toda circunstancia trataré de ser Feito. Imposible no terminar con un nudo en la garganta. ¡Larga vida a Feito!

Una triste historia de un gatito que solo deseaba amor, pero jamás lo conseguía dando vuelta por ahí tratando de encontrar alguien que lo quiera.

La vida de este felino fue tan desgarradora que poco importa que el autor sea anónimo, pues lo verdaderamente esencial es la moraleja que nos deja.

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